El pasado 31 de diciembre de 2015 finalizaba el proceso de fusión. La Presidenta nos decía que había finalizado el ajuste. Que Santander España había quedado optimizado en cuanto al número de oficinas y de plantilla. Tan sólo tres meses después nos vuelven a lanzar el mismo mensaje apocalíptico sobre la imperiosa necesidad de una nueva restructuración que garantice la viabilidad de la Empresa y sobre todo que garantice el beneficio y la retribución al accionista.