Las grandes centrales sindicales tratan de reaccionar, pero sin llegar a cumplir las expectativas de los movimientos feministas ni acabar de adaptarse a la realidad del precariado
Primero fue el 15-M, con una de sus derivadas en nuevas formas de organización como las mareas o la PAH, después vino el surgimiento de nuevos actores políticos que rompieron con el sistema bipartidista y, finalmente, ha llegado el movimiento feminista, transversal y transformador. Las grandes centrales sindicales —CCOO y UGT— estuvieron al margen de todos estos movimientos tectónicos, cuando no se posicionaron con cierta desconfianza ante lo desconocido, lo impulsado desde movimientos autónomos o con agendas, herramientas y objetivos que desbordan a las organizaciones sindicales tradicionales. Se trata del sindicalismo social, que ha venido para quedarse, como ha quedado demostrado en la lucha por la vivienda digna y contra los desahucios, contra la precariedad y, sobre todo, con el movimiento feminista.
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