Todas las personas que trabajamos en BBVA, principalmente en la red de oficinas, sabemos de la precariedad de nuestro día a día. Las presiones constantes por alcanzar unos objetivos, de por sí inalcanzables, el control exhaustivo de nuestra gestión diaria. Parece que sin él no fuéramos lo suficientemente profesionales como para llevar a cabo nuestra tarea, los ránquines como elemento comparativo con las personas de nuestro entorno profesional, de cara a potenciar ese lema de “intentar correr más que otra gacela antes que correr más que el león…” Por si esto no fuera suficiente, la disminución de plantilla ha hecho que se instale un malestar creciente en nuestros clientes por el deficiente servicio que reciben -digan lo que digan las encuestas-, manifestando el mismo con la ya habitual agresividad verbal, en la mayoría de casos, (llegando excepcionalmente a ser física) y todo como consecuencia de la falta de personal.
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